Además de las experiencias, de sus rayas, garabatos, hilos y filamentos, una persona está determinada por sus horizontes – aquello que quiere, desea y espera. No se trata sólo de lograr algo sino de cómo los horizontes de la expectativa influyen sobre el propio presente y su diseño.

Mis intereses actuales están guiados por la tarea de transmitir conocimientos de una forma reflexiva. La pregunta es: ¿Cómo se aprende a aprender? Como formador y docente quisiera aportar a la autonomía de pensar y actuar de las personas. En este sentido me oriento en los horizontes que la Ilustración abrió en el siglo XVIII: no se puede prescindir de la racionalidad del argumento y del diálogo.

Por mi experiencia laboral de los últimos años ha surgido un fuerte interés en el contexto de ética y economía. Quisiera discutir facetas de esta problemática y precisarlas intensamente. Pienso que las crisis sociales y económicas del presente tienen mucho que ver con la ausencia de la reflexión ética, así que hace falta un discurso público sobre virtudes civiles, deberes éticos, justicia social y la buena vida en comunidad.

Lo que me gustaría es trabajar con instituciones que quieren implementar – paralelamente a su orientación temática o interés particular – cursos de ética e historia. Considero un reto dar clases sobre temas conflictivos para complementar la racionalidad instrumental y unidimensional de los especialistas de cualquier índole por una parte olvidada de la razón: reflexividad y capacidad de crítica.